jueves, 9 de mayo de 2013

La fábula de la liebre y la tortuga, versión erótica



Hace mucho tiempo, en algún lugar del bosque de niebla vivían dos animales con una gran amistad, la liebre y la tortuga, tan conocidos en la zona por su rara amistad como por la gran diferencia que había entre ambos en lo que actividad sexual se refiere. La liebre era famosa por su gran sexapil y por conseguir llevarse a la cama a toda hembra que pasara por su vera. La tortuga, por el contrario, tenía la fama contraria, no conseguía llevarse a la cama a ninguna tortuga hembra de la zona.

La tortuga desesperada por sus ansias de quitarse la virginidad de una vez por todas, pedía ayuda una y otra vez a su amigo, pero la liebre siempre le daba largas porque daba su caso por casi imposible, ya que la tortuga no era muy agraciada en aspecto físico. Pero un día a la tortuga se le ocurrió una idea a sabiendas de que en inteligencia sí que superaba con creces a su amigo. Se le ocurrió organizar una carrera en la que compitiesen ellos dos, y que si él ganaba, la liebre debía de ayudarle a conseguir quitarse la virginidad. La liebre, haciendo gala de su ingenuidad, aceptó la propuesta entre risas dando por supuesto que ganaría la carrera.

Llegó el día de la carrera, y muchos de los animales que se había hecho eco de la carrera se acercaron a la zona para ver el evento. Todas las apuestas daban por clara ganadora a la liebre. Nadie era capaz de predecir lo que realmente iba a pasar esa tarde. Y es que la tortuga, que era un animal muy inteligente, había hablado con una de las liebres hembras más guapas y atractivas de toda la zona para que distrajese a su amigo. La guapa y atractiva liebre hembra aceptó sin dudarlo ya que a ella también le atraía mucho su amigo.

Comenzó la carrera, y obviamente, la liebre empezó a sacar más y más distancia a su amigo tortuga. Por el camino se encontró a la joven y atractiva liebre, y como era de esperar, cuando ella intentó llamar su atención, éste cayó en la trampa. Ella le propuso ir a su casa para practicar sexo, y el amigo de la tortuga aceptó creyendo que llevaba una distancia más que suficiente para ir a casa de la liebre hembra, volver y ganar la carrera. Y pasó que esto no sucedió, la liebre se retrasó demasiado y su amigo tortuga ganó la carrera, y consecuentemente, la apuesta. Lo que no se imaginaba la tortuga es que las consecuencias de haber ganado la carrera no iban a quedar ahí. Su victoria sobre la liebre resonó tanto que le dio una fama que hizo que más de una tortuga hembra se interesara por él y quisiera llevárselo a la cama.

Moraleja para la liebre: si te obsesionas con el sexo, puedes llegar a hacer cosas por conseguirlo que te hagan perder otras más o menos importantes.

Moraleja para la tortuga: a veces, por mucho que hagas por conseguir sexo, te vendrá cuando menos te lo esperes. 

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